Primera confirmación del desfile ArtEncaixe de la XXXV Muestra de Encaje de Camariñas de la Diputación de A Coruña, que se prepara para acoger una de las propuestas más conceptuales y exigentes de esta edición. La artesana textil Lola de Logaro regresa al evento para presentar “Ganapán”, su nueva colección cápsula para 2026.
La propuesta explora la estética noir para narrar un diálogo fascinante: la colisión entre la austeridad laboriosa de la costa gallega y la rebelión hedonista de la mujer moderna de los años 20. Una colección que nace de la necesidad de elevar y transformar el encaje.
Para la creadora, el objetivo de esta colección es transformar una herramienta histórica de supervivencia en un verdadero referente de autonomía. “Trabajo con el encaje como ingeniería y arquitectura, con líneas rectas, módulos repetidos y motivos clásicos de ese 'encaje de subsistencia' que marcó la vida en la costa gallega‘, explica Lola de Logaro. ’Sobre esa base, creo siluetas noir: cuerpos relajados, hombros caídos, cinturas apenas definidas, largos que se mueven al ritmo del paso, borlas y transparencias que evocan a las flappers, el jazz, el humo de las discotecas y la rebelión de los años 20”.
La diseñadora juega con la dualidad colocando encajes extremadamente precisos en patrones que rompen con lo establecido. “Para mí, cada prenda es un pequeño manifiesto: el palillo conserva su rigor técnico, pero pasa del mantel y la bandeja al cuerpo que se mueve y decide; la herramienta de supervivencia se convierte en un estandarte de libertad”.
“El mayor reto técnico fue orquestar todas las demás técnicas –crochet, tricot, flecos, remates de costura– para que aportaran textura y volumen sin quitar ni un milímetro de protagonismo al encaje de Camariñas”, comenta la diseñadora.
Para lograrlo, confiesa que tuvo que trabajar casi como una directora de escena: “El encaje es el protagonista y el resto de las técnicas son la escenografía y la iluminación. Esto implica ajustar los calibres de los hilos, la densidad de las puntadas y los pesos para que la tela sostenga la pieza de encaje sin deformarla ni afectar su caída natural”.
El resultado es un trabajo de costura invisible, con refuerzos internos y acabados limpios que permiten que, cuando la pieza pise la pasarela, "lo único que se perciba sea el encaje hablando a viva voz".



